Fragmentos.

La sal de mi llanto se confunde en el manto cálido de la noche.
El cuerpo bajo la tumba encerrado de haber amado
durante dos o tres meses de Abril.
Vivo sin vivir sin ti que muero
porque no muero
cuando el
corazón
te di.

Las circunstancias nos detestan. No cabe duda. Se burlan de nosotros. O quizá yo me lo tomo muy a pecho.

Pero es que aún no logro comprender cómo el sol sigue saliendo en el horizonte, tan cínico.
Cómo el viento sigue soplando descaradamente, alborotando hojas que no son suyas.
Cómo todo sigue y no para.

Por favor, para.
Para un segundo, te lo pido.

La vida debería detenerse cada que un corazón deja de latir, así tendríamos tiempo de voltear a nuestro alrededor, de mirarnos a los ojos, de analizar lo que tenemos, de dejar el ego a un lado, profundizar en los detalles, sentir el roce de los dedos de alguien que queremos en la palma de nuestras manos, dejar que el beso dure, que todo brille un instante, ser conscientes de nuestro respirar, de cómo nuestros ojos universales perciben los colores, escuchar el silencio, realmente escucharlo, de sentir la saliva en nuestra lengua y cómo al probar café, la amargura explota en nuestro paladar y pasa por nuestra garganta de forma tan dulce.

Aprecia, es lo único que te pido que hagas.

El sol seguirá cálido, el viento seguirá libre y nosotros tenemos que seguir con ellos, porque hay veces en los que no nos percatamos de que tarde o temprano dejaremos de seguirles el paso..
No queda más que disfrutarlo.
Aunque duela.
Aunque parezca injusto.
Aunque no tengamos fuerzas suficientes.

Y sin embargo te seguiré extrañando, y tendré que acostumbrarme a esta nueva forma de echarte tanto de menos.
Es terrible.
Es insoportable.
Pero no es imposible.
Estamos hechos para adaptarnos, tal vez eso fue lo que te quitó motivo. La abulia mata. Pero aún así luchaste con todo lo que tenias al alcance, con todo lo que tus manos y tu corazón te ofrecieron.
Supiste cómo amar a cada persona que se cruzó en tu camino, le diste un significado inmenso a sus vidas por ello.
Juzgar nunca estuvo presente en tu vocabulario ni mucho menos, al contrario, tú te enamorabas de las rarezas, de los defectos de las personas y los aceptabas tal como eran.
Al final, eso es lo único realmente importante.

Y ahora nos toca a nosotros aprender eso de ti.

Creyendo que eran mis manos las que te tomaban del cuello, hasta darte cuenta de que era una soga… y entonces fue demasiado tarde.
Creyendo que lo que sentía no era más que una simple corazonada, más no una advertencia… pero ya era demasiado tarde.

Hubiese ido a alcanzarte, esa última vez, pude haber arreglado algo, o no, pero ya nunca lo sabré, es demasiado tarde.
Si tan solo hubiese dejado el vodka a un lado.
Si tan solo te hubiese besado, abrazado y dicho te amo, ignorando que seria la última vez que lo hiciera.
Si me hubiese dejado de lado.

Me escondí debajo de un arbusto, volteándote a ver, sin que tú hicieras lo mismo, y creo que en ese instante lo supe, no era otro de tus arranques de tristeza, era algo más, pero estaba tan ebria que no quise darme cuenta de ello, tome un papel y pluma, quise dibujar sin resultado, mirando el cielo, la luna y esa estrella que tanto brilla, y otro llanto se me escapó, esta vez más denso, más fuerte, ignorando que serían esas mismas lágrimas las que derramaría por ti el día siguiente, y simplemente escribí, lance la pluma como si lanzase mi propio corazón al suelo, me levante, seguí bebiendo, y me fui.

Una repentina despedida. Un silencio incómodo en la madrugada, escribiéndote como maniaca, escuchando Kid A, soportando el Cómo Desaparecer Completamente (después de años de no poder soportar escuchar siquiera los primeros acordes) la escuche de principio a fin, y te imaginaba, y algo en mi dolía pero a la vez, me confortaba.
Despertar, aún sin señal de ti, esperando lo mejor, quizá te habías vuelto a quedar sin luz, quizá tu hermano no quiso prestarte el iPad, quizá habías ido a hacerle encargos a tu padre o a tu madre o habías salido temprano con tu hermana, qué sé yo.
Tenía que irme al trabajo, suelo llegar temprano para sentarme un rato a leer en lo que da la hora de entrada, no quise leer la misma basura que había estado leyendo, busque entre el montón de libros de mi hermano, Proust, Hesse, Kerouak… Me decidí por el Mito de Sisifo de Camus, con la esperanza de estar lo suficientemente preparada para leerlo, se lo pedí prestado

Bici, calor, agua, me quite los zapatos, mire un momento el cielo, el viento comenzaba a soplar un poco fuerte, pero parecía un día muy hermoso. Empecé a leer, el prólogo hablando sobre Sísifo, y extrañamente me recordó a ti, como todo lo haces y lo vuelves a hacer y no le encuentras sentido. Leyendo Un razonamiento absurdo, y realmente no comprender mucho, pero interesarme aún más conforme voy pasando las páginas, hasta llegar a Lo absurdo y el suicidio. Y todo cambio, y lo comprendí todo. Y me llenó una sensación de aplastamiento terrible, y lo inimaginable pudo ser real. Dieron las dos. Tenía una embriaguez por el calor, por tener tan fija la mirada en la lectura, todo se veía tan blanco.
Llegar al trabajo, anotar mi hora de entrada, una que otra platica con mis compañeros de trabajo, saco el celular de mi bolsillo, un mensaje tuyo, y me alegré tanto, casi tiro el celular. Lo abro. Lo leo. Era tu papá. Te habías decidido ir. Una mala palabra y salí corriendo de ahí. Marque a su número. Me dije, bueno, quizá ahora esté en un lugar tomando un camión con una mochila en su hombro, está bien, lo acepto, pero.. porqué no se despidió de mí?. Estaba equivocada.

No recuerdo más. Solo sé que las manos me siguen doliendo. Solo sé que sigue siendo un mal sueño, a pesar de haberte visto vestido de blanco, con una camisa de cuadros, con los ojos hinchados. Al menos debiste decirles que te vistieran de negro como solías hacerlo, con tu cabello despeinado, tu collar en el pecho, la pulsera queretana que te regale hace dos días. Dos días.
Ese no eras tú, no eran tus labios coloridos, o la forma en que dormías, ese ya no eres tú.

Tú ya no estás.
Y no sé si quiera seguir.

If you’re going to try, go all the way. Otherwise, don’t even start. This could mean losing girlfriends, wives, relatives and maybe even your mind. It could mean not eating for three or four days. It could mean freezing on a park bench. It could mean jail. It could mean derision. It could mean mockery–isolation. Isolation is the gift. All the others are a test of your endurance, of how much you really want to do it. And, you’ll do it, despite rejection and the worst odds. And it will be better than anything else you can imagine. If you’re going to try, go all the way. There is no other feeling like that. You will be alone with the gods, and the nights will flame with fire. You will ride life straight to perfect laughter. It’s the only good fight there is.